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Ferruccio Laviani en diálogo con Aurelio Magistà
Una velada con una charla a través de cuatro décadas de diseño, arquitectura, artes gráficas, interiorismo y muchas anécdotas personales en .Ettore, el histórico negocio de la familia Doimo, hoy una concept store.
El pasado jueves 18 de junio, en Signoressa de Trevignano (Treviso), en .Ettore, una tienda conceptual donde la moda, el diseño, la decoración del hogar y las fragancias se fusionan en una experiencia de compras y estilo de vida completa, tuvo lugar un interesante encuentro entre Ferruccio Laviani, director artístico de DoimoCucine, y Aurelio Magistà, redactor jefe responsable de Repubblica Design y docente en la Universidad IULM en la carrera de Moda e industrias creativas. Bajo el título “Primero por casualidad, luego por oficio”, fue un diálogo que repasó cuatro décadas de diseño, arquitectura, artes gráficas e interiorismo en la vida de nuestro director artístico, desde los trabajos surgidos por casualidad hasta las acertadas intuiciones de una profesión nunca planificada realmente.
Gracias a la profesionalidad de Magistà, los participantes pudieron descubrir al hombre que se esconde tras el arquitecto Laviani. Para empezar, se trata de un egiptólogo frustrado, atraído también por la idea, que él mismo califica de “romántica”, de ser arqueólogo para “dedicarse a excavar y, al final, encontrar algo”. Hijo de dos restauradores, ha absorbido una formación clásica sobre arquitectura y ha desarrollado su propia forma de contemplarla y plasmarla en un lenguaje personal. A su madre le debe el amor por la cocina, que interpreta como un taller creativo, un lugar de convivencia y de amor, que luego desarrolló en diversas colaboraciones, en primer lugar con RB Rossana, para la que también se acercó a la dirección artística, desde la comunicación, basada aún en fotografías elaboradas en el estudio con el banco óptico, hasta la campaña de prensa y el catálogo.
Así, la experiencia adquirida lo ha conducido de cliente en cliente. También para nuestra colección Impronta, explicó, ha aplicado el mismo principio: tener una visión de cómo desarrollar el proyecto de cocina basándose en la forma en que se vive y se pasa el tiempo en ella. Con una precisión esencial, que dejamos en sus propias palabras:
“Lo que he intentado hacer, además de aportar mi granito de arena en cuanto al sabor y el diseño de la cocina, es verla desde diferentes perspectivas, precisamente porque a mí me gusta la cocina de una forma y a los demás de otra. He intentado plasmar la versatilidad de poder contar con un producto que refleje el modo en que tú cocinas, porque, a estas alturas, eso también ha cambiado mucho: ha cambiado con la covid, ha cambiado con el estilo de vida que llevamos, ha cambiado con lo que cocinamos”.
Hemos descubierto, así, que prefiere una cocina cerrada, una especie de laboratorio donde utilizar sus fórmulas secretas, que desde pequeño ha aprendido a tener una relación respetuosa con la comida, entendida como un regalo que hay que honrar tratando bien las materias primas. Por eso siempre quiere comer bien, ya sea algo sencillo o complejo, da igual. Si teme no conseguirlo, prefiere saltarse la comida. Y por eso, en cuanto tuvo la oportunidad, instaló una cocina en su estudio, donde compartir la comida con sus colaboradores.
“A veces cocino yo para los chicos y me gusta sentarnos alrededor de una mesa y comer bien. Para mí, una de las cosas más bonitas que puedes hacer con los amigos, con las personas a las que quieres, es comer bien alrededor de una mesa”.
Por supuesto, también hablamos mucho sobre diseño y sobre sus experiencias, aunque estas ya son bien conocidas. Su currículum entero está marcado por colaboraciones importantes, desde Achille Castiglioni, con quien trabajó codo con codo en varios proyectos, a Maddalena De Padova y Alessandro Mendini, pasando por empresas como Kartell (cliente histórico para el que aún hoy se encarga de la dirección artística), Foscarini, Molteni, Flos, Olivetti, Dolce&Gabbana, Moroso y, naturalmente, DoimoCucine.